viernes, 18 de junio de 2010
La desesperación
La desesperación es el sentimiento más horrible que puedo recordar. Desde que Vicente empezó con los problemas ese sentimiento ha estado presente. Lo peor de ella es que no se puede controlar... yo por lo menos no puedo... me cuesta, me gana. Las dos veces que Vicente ha estado a punto de morir acabaron con mi tranquilidad y paciencia para afrontar los problemas. Sentir que él se iba y no poder hacer nada y estar ahogandose con pena acabó con mi temple. Las veces que estuvo hospitalizado y al llegar a verlo cada día tenía un pinchazo nuevo en el brazo, cada vez que tuve que dejarlo en el hospital y volver a casa y ver su cuna vacía, cada vez que se enfermó y que tuvimos que llevarlo a urgencia, cada vez que no podía entrar a verlo por que los doctores estaban haciendo ronda sin respetar el horario de los papás que queríamos ver a nuestros hijos. Los 6 meses que Vicente usó la sonda nasogástrica, tener que cambiarsela era terrible, los dos meses que vivió conectado a un concentrador de oxígeno, limitado para todo. Mirar para atrás y ver todo lo que Vicente ha vivido durante el año y 8 meses que tiene es agotador, mirar toda esa desesperación por no poder hacer nada por él y luego mirarlo hoy, ver lo grande que está, lo risueño y alegre que es, lo desordenado y poto loco... Quiza a mí aún me duela todo eso que vivió, que vivimos como papás, pero verlo hoy borra todo lo malo, él me da esperanza, me da fuerza. Hoy me desespera que no suba bien de peso, a pesar de tener la gastro. Me desespera pensar que se puediera enfermar y tener que hospitalizarlo... Nooooo, me muero... trato de no pensar en eso, pero algo gatilla esa pesadilla y me tortura... Me desespera pensar en que algún día no voy a estar para cuidarlo... No sé si estaré loca, traumada... Nosé, pero lo peor que le puede pasar a una mamá es sentir que se va un hijo, tenerlo en brazos y en segundos verlo luchando por su vida. Esta experiencia es la más dura que me ha tocado vivir, creo que no hay dolor más grande, el temor de perderlo es indescriptible. Mi hijo es lejos lo mejor de mi vida, si se hubiera ido creo que ya no estaría aquí, él es mi vida, mi lucha, mi todo.
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